New England ha ganado cuatro partidos de liga seguidos sin imponerse en el recuento de tiros en ninguno. En esas victorias recibió 21, 19, 25 y 20 tiros, y quedó por detrás en xG cada vez; aun así, ganó por nueve goles a cinco. El Inter de Miami (MLS) es un equipo de otro perfil: suele tener la pelota, pero últimamente eso no ha evitado que lo avasallen fuera de casa, con 19 tiros en contra ante los Red Bulls pese a tener un 66% de posesión y 20 ante Atlanta con un 55%. Así que este partido va menos de quién tiene la pelota y más de lo que ocurre en los pocos segundos posteriores a cada pérdida de Miami.
Ahí es donde entra en juego la comodidad de New England sin balón. En sus últimos diez partidos con estadísticas, ha promediado menos del 48% de posesión y ha concedido 7,1 córners por partido: un equipo que se siente perfectamente cómodo replegándose y saliendo al contraataque. El probable tridente ofensivo de Langoni, Turgeman y Gazdag encaja con ese plan, aunque tiene poca cobertura detrás: Harrison y Campana están fuera, y Yusuf es duda en el mediocampo. Por parte de Miami, Kily González tuvo que defender a Messi después de que perdiera la pelota en uno de los goles de Cincinnati en el 2-2, y dijo que probablemente haría cambios para este partido.
Los objetivos de ambos tampoco son los mismos. El club afirma que New England ya se aseguró la ventaja de campo para la primera ronda de los playoffs y una plaza en la Concacaf Champions Cup, mientras que Miami está dos puntos por detrás y aún tiene algo que perseguir en la tabla. Si Miami busca la victoria, normalmente eso implica adelantar a más jugadores, justo el escenario que New England ha sabido aguantar. La pega es que conceder más de 19 tiros una y otra vez acaba pasando factura tarde o temprano, y Messi y Suárez, que según Deporte Total USA entrenaron con normalidad, son el tipo de delanteros que pueden hacer que pase.