Alemania volverá a tener el balón en Salónica, pero no veo que logren traducirlo en un aluvión de ocasiones frente a una Grecia que se repliega atrás y achica los espacios. El primer duelo entre ambas fue muy cerrado y con pocas ocasiones, y el otro partido clave de los griegos en esta ventana siguió exactamente el mismo guion. Mi pronóstico se basa en lo poco que ha generado Alemania ante rivales bien organizados, en claro contraste con su producción frente a rivales más débiles.
En aquel primer partido, Alemania tuvo el 76 % de posesión y disparó 16 veces; aun así, su registro de goles esperados fue de apenas 1.27 y Grecia se llevó la victoria por la mínima terminando con solo un 24 % de posesión. Frente a los Países Bajos, los griegos tuvieron el 29 % del balón, concedieron 1.16 goles esperados y, aun así, ya ganaban 2-0 al descanso. El 2-0 de Alemania a Serbia, con 3.90 goles esperados y 32 remates, fue contra un rival que apenas probó puerta una vez. Y en su visita a los Países Bajos, marcaron un solo gol a partir de 1.45 goles esperados.
Los tres compromisos de Alemania con Klopp han sido de pocos goles: un empate 1-1, una derrota por 0-1 y un triunfo por 2-0. Por su parte, Grecia no vio puerta en cuatro de sus últimos diez partidos y solo en una ocasión alcanzó los tres goles. Además, todo apunta a que Christos Tzolis, autor del gol en Serbia, se perderá este choque por molestias en el muslo, lo que resta mordiente a las contras de Grecia. Alemania tampoco contará con Kai Havertz ni Jamal Musiala.
El mercado se inclina porque Alemania al fin abrirá el cerrojo, y entiendo la lógica porque van a mandar en la posesión y en campo rival. Pero tener el control territorial no es sinónimo de goles, y Grecia ya ha demostrado dos veces en una semana que sabe convivir con ese escenario. Me decanto por un partido cerrado y de pocos goles antes que buscar un ganador.