México llega a este amistoso como claro favorito, pero el equipo que saldrá al campo está lejos de mostrar lo que lo hizo peligroso en el Mundial. Los dos delanteros que marcaron siete de sus diez goles allí no están disponibles, y el equipo solo ha anotado dos goles en tres partidos con el nuevo entrenador. Mi pronóstico parte de ahí: con el ataque rotado y sin sus definidores, cuesta confiar en una victoria clara, por mucho que pese su reputación.
Los últimos tres resultados de México lo dejan claro. Primero llegaron dos empates 1-1 y, ante Perú, tuvo más la pelota y más remates, pero no logró convertir ese dominio en goles. Después perdió 0-3 contra Estados Unidos. Empezó bien y arrinconó al local en los primeros minutos, pero los goles llegaron por errores propios: un pase flojo del portero, un pase atrás que nadie alcanzó y un balón raso que no pudo blocar. Es un equipo que genera ocasiones y luego las regala, no uno al que estén pasando por encima.
La previa de este partido suma más dudas. Lozano y Mora están lesionados, Mateo Chavez está suspendido tras su tarjeta roja y se espera que el once incluya a un portero que debutaría con la selección absoluta, centrales suplentes y un extremo de 19 años. El entrenador ha cambiado casi por completo el equipo en cada uno de sus primeros tres partidos, así que lo que falta es cohesión.
Chile también llega con problemas. Ha perdido cuatro de sus últimos cinco partidos y encajado once goles en esas derrotas, así que no hay que fingir que ofrece garantías. Pero en la derrota ante Estados Unidos estrelló dos remates en el poste, puso ocho disparos a puerta y ganaba 2-1 antes de que el local remontara con balones parados en los últimos minutos. Además, ha tenido una semana completa de descanso, frente a los tres días de México.
Así que mi lectura se centra en cómo puede desarrollarse el partido, no en un veredicto sobre Chile. México necesita que algo salga bien en ataque, y nada de lo visto últimamente invita a pensar que vaya a ocurrir.