Esta final por el tercer puesto apunta a ser un partido igualado y muy táctico, en el que uno de los equipos podría quedarse sin marcar. Malasia no ha encajado ningún gol en este torneo, incluido el 0-0 ante Indonesia, anfitriona que acabó llegando a la final. Vietnam llega cansado y probablemente hará rotaciones. Su ataque ha sido clave hasta ahora, pero parece más vulnerable de lo habitual.
Empecemos por la defensa de Malasia. Dejó su portería a cero en los tres partidos de la fase de grupos, marcó 9 goles y no encajó ninguno. También ha mantenido la portería a cero en cinco de sus últimos diez partidos. Sin embargo, ante Vietnam le cuesta encontrar el camino al gol. Perdió 2-0 en dos ocasiones en agosto, con los mismos entrenadores en los banquillos, y en cuatro de los últimos cinco enfrentamientos uno de los equipos se quedó sin marcar.
En el caso de Vietnam, el desgaste puede pasar factura. El 2 de octubre se enfrentó a Pakistán y remontó para ganar 4-2, aunque su primera parte fue floja. Kim Sang-sik atribuyó a la ola de calor de Yakarta la falta de concentración de sus jugadores. Tai Loc, Hoang Hen y Viet Anh no pudieron terminar ese partido, y Kim ha dicho que quiere dar minutos a jugadores que han tenido poca participación. Quang Hai y Xuan Son ya se perdieron el torneo por lesión.
Con un Vietnam cansado y con cambios frente a una selección de Malasia que se ha mostrado sólida atrás, pero a la que le ha costado superar a Vietnam, el calor y el contexto de un partido por el tercer puesto invitan a pensar en menos ocasiones claras de las que sugieren los goles de ambos equipos. Vietnam ha dejado su portería a cero en seis de sus últimos diez partidos y Malasia también es difícil de batir. Parece más probable que uno de los dos equipos mantenga la portería a cero a que marquen ambos.