El próximo duelo de pretemporada entre Chicago Bulls y Memphis Grizzlies no es solo un partido de exhibición: será una interesante prueba para medir las debilidades estructurales de ambos equipos. Chicago demostró hace poco que puede mover bien el balón, con 30 asistencias ante Phoenix, pero sus 21 pérdidas dejaron al descubierto un punto caótico en su ataque. Memphis, por su parte, permitió 35 asistencias a Orlando en su último partido, una señal de que tiene serias carencias en la rotación exterior y las ayudas defensivas.
Para Chicago, el reto es claro, aunque peligroso: su disposición a pasar puede encontrar huecos en las rotaciones defensivas inestables de Memphis, pero su manejo descuidado del balón podría darle a los Grizzlies ocasiones para desplegar su letal juego de transición. El equipo que primero logre corregir su debilidad estructural —el cuidado del balón de Chicago o los ajustes defensivos de Memphis— marcará el ritmo del partido.