La presión de Francia es el factor clave al que sigo volviendo para esta revancha. En Bruselas, llevaron el juego hacia las bandas e hicieron que Bélgica tuviera que defender durante largos tramos, aunque el gol del triunfo llegara al final gracias a una internada de Olise. Esta vez, el mediocampo de Bélgica tendrá una cara muy distinta, y eso me parece más determinante que el resultado de su victoria más reciente.
En el primer cruce, Doué y Barcola ayudaron a Francia a superar el repliegue belga. Luego, contra Italia, Zidane cambió a varios titulares, pero Francia volvió a pasar largos períodos con el balón y necesitó un tiro libre de Olise para romper el marcador. Sus goles recientes han llegado más por destellos individuales de calidad que por una generación fluida y constante de ocasiones claras.
El triunfo de Bélgica sobre Turquía mostró varias alternativas de ataque, pero De Bruyne marcó un doblete y fue la pieza central de la circulación. Pese al resultado, Turquía también generó sus propias ocasiones. Para este encuentro, la lista oficial de la UEFA deja fuera tanto a De Bruyne como a Tielemans, obligando a Van Bommel a reconstruir esa conexión entre el medio y el ataque que fue tan decisiva en aquella victoria.