St. Louis es el mejor equipo a lo largo de la temporada, pero este partido llega tres días después de una final de copa de 120 minutos. Ocho de sus jugadores de campo la jugaron entera en Columbus, y ahora viajan a la altura de Utah. El Real Salt Lake se planta con un 5-4-1 y juega al contragolpe. Ese es justo el escenario en el que St. Louis menos ocasiones ha generado y en el que más se notan las piernas cansadas.
A St. Louis le gusta tener el balón y construir desde un centro del campo de posesión formado por Durkin, Edelman, Totland y Wallem. Últimamente le ha costado crear contra bloques compactos: 0.83 xG contra Vancouver y ningún gol en 120 minutos contra Columbus. Cuando encaja, es por el volumen de tiros y por las transiciones. Minnesota le hizo 27 disparos.
El camino del RSL es exactamente ese. Spierings y Caliskan protegen la línea de cinco, y cuando recuperan el balón, Guilavogui, Solans y Lobjanidze corren contra una zaga de tres con MacNaughton, Baumgartl y Polvara, que jugaron los 120 minutos de la final. La presión tras pérdida y las carreras de recuperación en las que St. Louis se apoya para frenar los contragolpes son lo primero que se pierde después de una noche con prórroga.
Las bajas son en su mayoría conocidas. El RSL ha jugado sus últimos partidos sin Arias, Luna ni Eneli, y aun así este once generó casi dos xG en casa contra San Jose y ganó en Kansas City. St. Louis pierde a Bürki por conmoción cerebral, y Lundt ocupa su puesto en la portería.
La mejor ventana de St. Louis es la primera media hora, mientras aún está fresco y es peligroso a balón parado. Pasada la hora de juego, el partido debería abrirse, y esa fase favorece al local, que está más fresco y que además necesita más los puntos en la carrera por los playoffs. Por eso nos quedamos con la victoria del Real Salt Lake.