Los locales afrontan una auténtica pesadilla entre el cansancio y las enfermedades, lo que deja todo servido para que sufran un bajón físico en el tramo final ante la posesión asfixiante del rival. Tras una durísima derrota por 7-0 hace apenas dos días, ahora un brote viral ha golpeado su concentración para empeorar aún más las cosas. El juego de pases sistemático de los visitantes está diseñado precisamente para desgastar al rival, y ante un oponente sumamente diezmado y con el tanque vacío, la resistencia debería terminar rompiéndose por completo.
A los visitantes les faltan un par de atacantes punzantes por banda, pero su filosofía principal de controlar la pelota y buscar huecos sigue totalmente intacta. Este planteamiento paciente es justo lo ideal cuando te mides a un rival al que ya no le dan las piernas. Vencieron con comodidad a este mismo rival por 4-1 apenas la semana pasada, demostrando con qué facilidad pueden quebrar este esquema defensivo en particular.
Los problemas del equipo de casa van más allá de una simple rotación. Perder a defensores clave ya es un golpe duro, pero que un virus afecte al plantel inmediatamente después de una derrota humillante y con un desgaste físico brutal los deja completamente expuestos. Aunque consigan plantear un bloque bajo y defenderse con uñas y dientes durante los primeros sesenta minutos, el agotamiento extremo hace que un colapso en el cierre sea sumamente probable, garantizando una lluvia de ocasiones en los minutos finales.