Un equipo local en el fondo de la tabla, con una defensa que hace aguas y el mediocampo diezmado, se enfrenta a un rival de la mitad superior que basa su juego en la posesión. La incógnita es si los visitantes lograrán traducir ese dominio en una ventaja de goles.
El Preston ha encajado en cada uno de sus últimos 20 partidos de liga (promediando 2.3 por encuentro en los diez más recientes) y marca menos de un gol por partido. Apenas promedian un 40 % de posesión, y sus mediocampistas McCann, Clarke y Gibbs llevan semanas fuera, lo que les quita conducción y control en el medio. Sus goles esperados están un poco por encima de sus goles reales, así que no es descartable que anoten, pero rara vez han demostrado capacidad de reacción.
El West Brom mantiene cerca del 55 % de posesión y marca en la mayoría de sus compromisos. Aunque no cuentan con Johnston ni Galves, ya llevan tres partidos sin ellos y han ganado los dos últimos, el más reciente con 25 remates y más de tres goles esperados frente al Blackburn. En casa, los partidos del Preston han sido más apretados que sus goleadas en contra a domicilio, por lo que el empate es una opción real, pero la dinámica favorece a la visita. Por eso me decanto por la victoria del West Brom.