Este partido debería quedar marcado por la presión y el volumen de remates de Singapur ante una salida de balón de Adelaide que es lenta y pierde la pelota cuando la aprietan. La ida en Adelaide ya lo dejó ver: Singapur remató 25 veces contra 15 como visitante y anotó sus dos goles en el tramo final. La diferencia ahora es el descanso. Un equipo tuvo una semana libre para sus titulares y el otro recorrió 11 000 km para disputar su cuarto partido en unos once días.
Primero, una aclaración frente a una idea muy extendida: Adelaide no llega en racha ganadora. Viene de tres derrotas consecutivas en partidos oficiales: ante Sydney, frente a Singapur en casa y un 4-0 en Perth. El que llega en racha es Singapur, aunque la mayoría de esos triunfos fueron contra rivales débiles de la liga de Singapur, por lo que a esa racha en sí no le doy demasiado peso.
El duelo clave está entre la presión de Singapur y los centrales improvisados de Adelaide. Vriends lleva semanas de baja y el pase corto que propició el primer gol de Perth salió de esa zaga de circunstancias. Adelaide promedia mayor posesión, pero apenas unos tres remates y medio a puerta por partido, mientras que permite casi siete.
La ausencia que de verdad pesa es la de Goodwin. El capitán y principal referencia ofensiva de Adelaide no viajó por motivos familiares. Incluso con él, se quedaron en 0 goles tras 5 tiros a puerta en la ida y 0 tras 3 en Perth. Sin él, lo que les queda son los envíos de Muñiz, las llegadas de Kitto desde atrás y el balón parado.
Espero un trámite con fuerte presión de Singapur de entrada, posiblemente sin recompensa al descanso, ya que su definición es un punto flojo evidente. Pasada la hora de juego, el cansancio y el desgaste del calendario deberían pasar factura a Adelaide, momento en que Singapur puede dar entrada a recambios como Thy y Phaeton. Adelaide ha encajado cinco de sus últimos ocho goles después del minuto 60.
Por eso me inclino por una victoria clara de Singapur en casa. El once descansado, la presión sobre una defensa frágil y el bajón final de Adelaide apuntan en la misma dirección.